domingo, 6 de abril de 2014

Volar

     ¿Alguna vez te has preguntado qué se podría sentir pudiendo volar durante horas y horas? Yo sí. Constantemente. Y no te creas que no desconozco esa sensación tan extraña de libertad y grandeza. Todas las noches, a la misma hora de siempre, cojo mis alas, me pongo el casco (por seguridad) y salgo a volar un rato. Vuelo y vuelo durante muchos segundos, muchos minutos, muchas horas. A veces puedo pasarme toda la noche, más el día siguiente, volando sin parar, sin descanso, sin control. Las noches que tengo muchas ganas de volar visito países como Francia, Italia, Estados Unidos, India, Nicaragua, Nueva Zelanda, Islandia, Macedonia... según lo que me apetezca. Pero no os creáis que volar es siempre tan divertido...no, no... al final acabas exhausto de estar tanto tiempo en el aire. Te entra hambre, y también sed. Las alas se te encogen y se despluman a causa del frío y la humedad. Pero sobretodo, te entran unas ganas terribles de pisar tierra firme. La verdad es que prefiero volar sin salir de mi habitación, sin ponerme esas incómodas alas tan sensibles, sin estar despierto toda la noche..., ahora lo que hago es volar dentro de mi cabeza. Porque he descubierto que es el único lugar de la tierra que no se acaba nunca. Podría estar semanas y semanas volando sin parar dentro de mi infinita imaginación...

No hay comentarios:

Publicar un comentario