martes, 26 de enero de 2016

Esencia

Alcé la mirada hacia el desierto y encontré mi esencia
colgada en el perchero de siempre, al lado de aquel bombín,
debajo de aquel chaleco, encima de aquel bastón.
Y cerré la puerta antes de salir

para que no entrase el frío que cala la sangre
y hace que el vaho te pudra por dentro
quemando inocente la lámpara del dios
que nos vigila en el pasado donde te dejaste las pupilas.

Corrí bajo las pestañas culpables de mi ensueño
y me acosté otra vez con mis mentiras
como aquel que vuelve a matar por miedo,
que vuelve a herir por temor,

por pánico, por sueños.
Me volví a dormir bajo las escaleras de mi mente
observando el mundo desde el perchero,
desde la puerta cerrada donde entraba el frío,

donde se colaba el miedo que pintaba la nieve
y que hería los sentidos de mi muerte,
de mi ángel,  de mi suerte, de mi vida.
Callé para decirlo todo y el bombín se cayó del perchero

y las ojeras me crecieron en la cara
mientras el aire frío entraba evanescente
para indicarme que la salida
nunca había estado en esa puerta, al lado de ese perchero

junto aquel bombín,
bajo aquel chaleco,
sobre aquel bastón.

Y cerré la puerta antes de salir.