domingo, 20 de abril de 2014

No te des la vuelta

      Él divisaba las estrellas bajo la oscura y densa capa de la noche. Lo observaba todo con una excéntrica curiosidad. Acostado en aquel banco, soñaba lo que haría si fuese rico, si ganara millones y millones de dinero, si fuese un empresario de éxito. Pero a él no le había tocado esa clase de vida. Solo  era un mendigo acostumbrado a vagar por las calles y a dormitar en los fríos bancos de los parques apartados de la ciudad.

      Esa noche no podía conciliar el sueño, así que se levantó para pasear durante unos minutos. Entró en uno de los bares de ambiente que aún estaban abiertos a esas horas de la noche y pidió un vaso de agua. El camarero se lo dio con una mirada de desprecio. El mendigo no dijo nada, ni siquiera se molestó. Entró al baño y, una vez dentro, pudo oír como alguien se acercaba. El mendigo se asomó por la puerta entreabierta y pudo ver un hombre, más o menos de su edad, que parecía ser una persona de negocios bastante rica. También observó anonadado, que era idéntico a él. Cuando el misterioso hombre salió del baño, el mendigo no dudó en seguirlo. Sacó una pequeña navaja de su bolsillo y se la camufló en la manga derecha de su apestosa cazadora.

      Cuando ya llevaban un par de calles recorridas, el mendigo se abalanzó brutalmente contra su doble, y con la navaja le produjo un corte profundo en el cuello. Aprovechando que se encontraba en un callejón poco transitado, intercambió la ropa con el cadáver, cogió su cartera repleta de dinero, y se fue.

      Afortunadamente, encontró la dirección de su casa apuntada en un papelito dentro de su cartera. Cuando llegó al hogar de ese hombre, se quedó quieto. Inmóvil. No se creía lo que estaba sucediendo. Del pantalón sacó las llaves de esa enorme casa y abrió la puerta. No había nadie. No se oía nada. Solo el penetrante sonido del silencio. Encendió las luces y admiró la belleza de esa acogedora y gran mansión que tanto había soñado. Fue directo a una habitación donde pudo ver una cama muy grande. Se acostó y se durmió.

      Cuando despertó a la mañana siguiente, recordó el sueño que había tenido la noche anterior, en el que él era un mendigo que le arrebataba la vida a un hombre idéntico a él: un hombre rico y con una casa grandísima. Era como si Pedro Belmonte, uno de los ejecutivos más importantes y poderosos del país, quisiera asesinarse a él mismo. Se vistió, se aseó y fue directo a la cocina. En la puerta de la nevera encontró pegado un papel que mostraba la dirección de su casa. Lo cogió y pudo leer: "No te des la vuelta". Pedro...se dio la vuelta.

     El mendigo, después de matarlo, intercambió la ropa con el cadáver, cogió su cartera repleta de dinero...y se fue.

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