viernes, 19 de junio de 2015

Renatus

El árbol de la vida, Gustav Klimt
Nacemos, vivimos, pensamos,
creemos ser alguien que en realidad no fuimos,
alguien próspero, alguien pomposo,
alguien otoñal que  se esconde bajo  la nada,
bajo el precipicio de un abismo 
que rueda bajo mi mente,
mente que emigra del mundo
como un ángel cuando sueña,
como un niño cuando duerme,
cuando juega mientras habla de emociones,
de espejismos, de ilusiones, de sueños,
sueños que sueñan con hombres,
hombres que sueñan con senos,
senos que sueñan con sexo,
sexo que sueña con grandes gritos de seres
yaciendo bajo el suave manto
que adorna el lecho de manchas,
manchas blancas y lánguidas
manchas creadas por humanos,
por el goce del momento,
por el clímax del abismo,
por la nada del después.

Y entonces

      vuelvo a nacer.

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