Pienso en las increíbles mentes que habrán sido derrocadas por las
inflamables drogas de los 80… y de los 90.Pienso en la incalculable cantidad de niños hambrientos que mueren cada día pidiendo agua y comida en la otra parte del mundo, mientras aquí, con una maliciosa sonrisa en el rostro, nos sonamos los orificios nasales con billetes de grandes cifras.
Pienso en el dinero sin
declarar que se ofrecerá cada día a las personas de rostros grises y sombríos
que nos dominan desde arriba, como si fuésemos marionetas atrapadas en un
teatro de títeres.
Pienso en la barbaridad de gente que ve su vida desmoronarse
después de ser desahuciados de su propia casa por unos hombres sin rostro y con
uniforme negro.
Pienso en el sabor de su boca, igual al de una lágrima de ángel
mahometano que llora por no poder volar
y grita por no poder amar.
Pienso en la brisa marina que se cuela en lo más profundo de mis pulmones
provocando así una gran inundación de paz en mi tórax.
Pienso en aquella estólida
gente, que cuando habla contigo cree que eres acéfalo y no sabes absolutamente
nada, pero tranquilo, que ya está él para explicártelo todo…
Pienso en la estupidez humana como la cosa más infinita del mundo,
más que el propio universo, por muy raro que parezca…
Pienso en el momento en que abrazamos a alguien y creemos que
podemos explotar de amor en cualquier instante.
Pienso en el primer beso como
una efímera pausa en el tiempo que no queremos olvidar, pero que tarde o pronto
se irá de nuestra memoria para morir en “el cementerio de los recuerdos
olvidados”, un sitio que solo he logrado visitar unas cuantas veces.
Pienso en la música como un
arte divino creado para endulzar la vida de nuevos sentimientos y emociones y
experimentadas por el hombre.
Pienso en la escritura como una forma de dejar escapar toda la
locura que los seres humanos almacenamos en los adentros más profundos de
nuestro ser.
Pienso y luego…vuelvo a pensar y luego…existo.
Sigo pensando…
Y Pienso…
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